Por suerte, siempre he vivido lejos de la ciudad. Allá todo arde. Un lugar que no conoce la oscuridad, en el que las bestias no hallan reposo y en el que los hombres adquieren hábitos cada vez más extraños.
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Por suerte, siempre he vivido lejos de la ciudad. Allá todo arde. Un lugar que no conoce la oscuridad, en el que las bestias no hallan reposo y en el que los hombres adquieren hábitos cada vez más extraños.
Read MoreHasta ahora vemos que nuestra noche, la de este relato, es la noche del movimiento. Y es que los dioses habían decidido celebrar entre mortales; Baco llenó todas las jarras de vino.
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